25 mayo 2010

Mis compañeros franceses

Hola chicos, ¿cómo va todo? Yo voy sobreviviendo en este trabajo tan difícil y complicado que tengo ahora, y mucho de ello es gracias a mis compis.

Y de esto quería hablar hoy, de mis colegas, especialmente los franceses: super majos, tienen toda la paciencia del mundo conmigo, los pobres, y a los que oigo quejarse continuamente de lo mal que les tratamos los españoles. Pues sí, tienen razón, y yo he sido testigo. Aunque no venga a cuento, les sacan a relucir lo del vuelco de los camiones de fruta en los años 90, o lo de la invasión de Napoleón, que ya ves tú... Y qué culpa tendrán ellos de todo eso, digo yo. Lo dicen dolidos, porque llevan 6 años en España intentando integrarse, hacer amigos, que no les prejuzguen y les traten como personas en lugar de como seres subdesarrollados o peor, totalmente despreciables. Desde que están aquí, votan a los mismos políticos, sufren las mismas desgracias, pagan los mismos impuestos que nosotros... pero siguen siendo rechazados bajo los viejos calificativos de chauvinistas, opresores y cabrones con pintas en general.

Pues os digo una cosa: a mí me ofende esto. Son gente maja que sólo busca relacionarse con normalidad con el resto, y ni ellos estaban aquí cuando nos invadieron sus paisanos, ni se colocaban en la Junquera a volcar trailers, ni vienen mirando por encima del hombro a nadie, y de esto doy fe. Son personas normales, y les tratan a patadas. Seguramente os he dicho esto antes, pero no me canso de repetirlo: cada uno nace donde le pare su madre. Gente buena hay en todas partes, y como es lógico, también perfectos hijos de la gran puta, pero uno no puede ponerle la marca en la frente a toda una nación por lo que hayan hecho 30, del mismo modo que nadie puede responder del comportamiento de todos sus paisanos.

Pero no hace falta irse muy lejos, proque el problema lo tenemos también en casa. Alucinan con lo que sueltan por la boca los de unas regiones y otras: madrileños de vascos, vascos de madrileños, andaluces de gallegos, y catalanes de todos. Dicen, y con razón, que cómo les vamos a querer a ellos si entre nosotros no nos podemos ni ver. Pues yo os repito: mi mejor amigo es de origen gallego; mi mejor amiga, de Ciudad Real; mi marido, vasco; mi padre, de Toledo mi madre, de Valladolid; mi abuelo, de Jaén... y yo soy de Madrid de toda la vida. El problema está donde uno lo ponga, yo me siento en casa allá donde voy, y para mí todo el mundo es buena persona hasta que se demuestre lo contrario, con independencia de dónde viniera al mundo.

De modo que, chicos, os lo pido con el corazón en la mano, vamos a ampliar un poquito nuestras miras, que las personas somos ante todo eso, seres humanos. Y por cierto, como me entere yo de que os volvéis a meter con mis colegas, preparaos. A mis compis nadie me los toca >:o//////

La visa es maravillosa... cuando te dejan vivir en paz.

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